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Página 1 de 8 En los genes de todo maestro del cuerpo se halla grabado un código que lo impulsa a enseñar saberes corporales a todo lo que se le ponga por delante. Sobre todo si es un niño o un adolescente.  Sin embargo, dos razones de importancia, dificultan que podamos enseñar como nos gustaría. Aquello que acontece en la intimidad del propio campo disciplinar. Suele explicarse con la noción de crisis. La observación del paisaje social, muestra en la Argentina un debilitamiento del Estado nación. Lo que implica el desvanecimiento de una condición indispensable para el funcionamiento de una institución como la escuela: que la meta institución –el Estado- le provea de apoyo.
Al no hacerlo es el mercado la instancia dominante de la vida social.
Una intervención es la eficacia práctica de una interpretación. La eficacia de una Interpretación, es la capacidad de intervenir en el campo de la cultura y modificar el Universo de las significaciones sociales. Este interrogante parece justificarse cada día más. Tradicionalmente los profesores nos preguntábamos cómo y qué enseñar. Hoy tenemos que preguntarnos por qué no podemos enseñar como nos gustaría. La escena tan temida años atrás, aparece en toda su crudeza: no solo los alumnos no quieren aprender lo que nosotros sabemos y consideramos adecuado enseñarles, sino que, frecuentemente, parecen sin ganas de afrontar cualquier tipo de experiencia con el propio cuerpo. Este desgano es motivo de preocupación para muchos de nosotros que debemos enfrentar tal situación. Más aun: es motivo de sufrimiento. El sufrimiento de todo maestro que no puede constituirse con otro, que no se puede componer, que no puede pensar con otro o dialogar con él. Surge frecuentemente la pregunta: ¿Qué se puede hacer con chicos aburridos, apáticos, desinteresados? Inclusive, frecuentemente, son impertinentes y mal educados. A los chicos actuales, opinan muchos, no hay nada que les interese. Los que nos acunamos con la teoría crítica de la educación, estamos familiarizados con los postulados de la Pedagogía del Oprimido. Hoy, sin embargo habría que pensar que es muy probable que en la escuela los chicos sigan estando oprimidos. Pero, además, están aburridos. Tal situación nos plantea interrogantes inéditos. Eso sí: que no les interesa nada es otro cantar. Puede no interesarles lo que nosotros solemos enseñarles. O puede no gustarles la manera en que trasmitimos. Pero todos los niños y adolescentes están interesados en muchas cosas. Por ejemplo, en la música, el sexo, el contacto con otros pares, la relación o no relación con sus padres, maestros y adultos, el cuerpo y sus modificaciones, el deporte, la televisión y el cine, la tecnología, la moda, la fama, los ídolos y su forma de vivir, la ropa. Una lista variada, por cierto. Bien, voy a intentar responder el interrogante de esta conferencia: pienso que no podemos enseñar como nos gustaría por: 1. Lo que está sucediendo en el propio territorio disciplinar. 2. Lo que está sucediendo en nuestro país con el Estado y con las instituciones que de él dependen, en contextos muy difíciles. ¿Qué está pasando en la Educación Física? Primero habría que revisar el extendido criterio de la crisis por la que atraviesa la Educación Física. Decir que ella está en crisis parece una obviedad porque el término se ha usado y abusado para describir lo que está sucediendo en nuestro campo disciplinar. Hablar de crisis de identidad, de sentido y hasta de extinción es tan frecuente que más parece una queja que un diagnóstico. Por eso, seguramente, Giddens dice que "la noción de crisis está en crisis". Es una observación interesante que podría servir para elegir entre las muchas interpretaciones de qué es una crisis, aquella que señala que ella aparece cuando el discurso no coincide con la práctica. Lo que significa que ha llegado el momento de tomar una decisión. Si lo entendemos así la palabra pierde su tremendismo. Ya sin esa mochila encima aceptemos, sin embargo, un grave déficit: Solemos ser bastante ineficientes a la hora de planificar, llevar adelante, evaluar y revisar nuestras clases. De manera que la decisión que tenemos que tomar consiste en analizar a fondo la manera en que podemos mejorar nuestras prácticas, y dado que la mayoría de nosotros se dedica a dar clases, (algunos se dedican a las prácticas investigativas y otros, a las de gestión), es importante recordar que nuestras clases mejoran cuando ellas son más: · pertinentes · reflexivas · significativas.
Como no suelen serlo, no se produce una verdadera modificación de la manera en que los alumnos se relacionan con sus cuerpos. Esta relación solo habrá de concretarse cuando todos los aprendices, como parte de un estilo de vida que han elegido, ayudados por sus maestros, se embarquen en un proyecto personal de gestión de su corporalidad que sostengan durante toda la vida. El desarrollo de este proyecto adquiere vuelo pedagógico al considerar que es también responsabilidad de la escuela lograr que los alumnos construyan en ella proyectos válidos para el auto conocimiento, la autonomía y la alteridad. Y para dotarlos de la posibilidad de echar una mirada crítica a la sociedad en la que estamos inmersos. De manera que educar para la acción, la reflexión y emancipación son aspectos cruciales en una educación corporal.
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