¿Es educativo el deporte que practican nuestros escolares? (RESEÑA-ENSAYO) PDF Imprimir Correo electrónico
Revista - Deporte Escolar
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¿Es educativo el deporte que practican nuestros escolares? (RESEÑA-ENSAYO)
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Título del libro: “El derecho educativo del menor en la gestión del deporte escolar”.

Autores: Francisco J. Orts Delgado; Juan A. Mestre Sancho.

Un objeto, el deporte escolar que se aborda, por un lado, desde el punto de vista del derecho educativo del menor, es decir, el derecho a ser protegido en su desarrollo integral (personal y social), y por otro lado, desde el punto de vista de la gestión de las actividades. Una gestión que debe ser consecuente con la protección de este derecho.

A lo largo del artículo intentare, lógicamente, despertar su interés por el libro y atraerle hacia su lectura. Para sus autores, mi compañero Juan Mestre y yo mismo, la gestión del deporte escolar ha constituido, en primer lugar, una obligación laboral que hemos desempeñado durante las tres últimas décadas en el Ayuntamiento de Valencia. Una experiencia apasionante que nos ha permitido observar como la evolución de esta manifestación deportiva caminaba en paralelo a la propia evolución de la sociedad.

No obstante, y a pesar de los cambios observados a lo largo de estos años, uno de las finalidades de los programas deportivos dirigidos a la población en edad escolar ha permanecido invariable. Se trata de la finalidad educativa de las actividades que permite diferenciar el desarrollo del deporte escolar del resto de manifestaciones del deporte.

 

 

El menor, por su condición de individuo en fase de formación, es vulnerable, dependiente y precisa estar protegido en sus actividades sociales, entre ellas las deportivas, para que su proceso de desarrollo integral, de adquisición de autonomía personal y de integración social, se vea facilitado y no alterado.

La educación física y el deporte constituyen un elemento esencial de la educación permanente dentro del sistema global de educación.

(Carta Internacional de la Educación Física y el Deporte (UNESCO), artículo 2º)

La mayoría de los documentos internacionales que se refieren al deporte escolar, establecen el derecho de todas las personas a la práctica del deporte y consideran que la práctica de actividades físico-deportivas, sobre todo en edades tempranas (edad escolar), debe tener carácter educativo. Además, recomiendan a los promotores del deporte, empezando por los Estados y sus gobiernos, los centros de enseñanza, entidades deportivas, etc., y acabando por la propia familia, una práctica que salvaguarde el derecho de los menores a formarse en un entorno saludable, tanto para su condición física como para su desarrollo cognitivo, personal y social.

Sin embargo, la realidad no siempre se corresponde con este planteamiento. En la práctica cotidiana se contemplan manifestaciones deportivas en las que participan menores que difícilmente podrían considerarse educativas, más al contrario, algunas de ellas suponen una amenaza para quienes las practican y se alejan, radicalmente, de las condiciones o finalidades educativas.

Les cuento una experiencia que tuve recientemente:

Hace unas semanas asistí a un partido de fútbol en el que participaban niños de entre 4 y 5 años de edad (categoría denominada de querubines).

Quería ver con mis propios ojos aquella actividad que tanto emocionaba a mis amigos, padres de dos de los niños participantes. Así es que me levante temprano y a las 9 de la mañana ya estábamos en el campo municipal.

Había cierta rivalidad entre los dos clubes que se enfrentaban. Pertenecían a localidades vecinas. Ambiente de “derby”, banderas, bocinas, bufandas… mucho colorido y las gradas llenas de padres y amigos de uno y otro equipo.

Los gestos, las actitudes y comportamientos, en general, me recordaban un partido de los de la tele.

Los niños, en el momento de salir al campo, se les veía ciertamente desconcertados y no sabían muy bien hacia donde dirigirse. Los entrenadores se esforzaban por colocarlos en las posiciones dibujadas en la pizarra del vestuario.

Al hijo de uno de mis amigos lo colocaron en el círculo central del campo y estuvo un rato largo sin salir de allí porque su entrenador le había dicho que esa era su posición.

Los “defensas” de uno de los equipos apenas participaban, ya que el juego se desarrollaba en una de las dos mitades que dividían el campo. Mientras tanto se entretenían amontonando bolitas de caucho, y sentados esperaban que les llegara el juego.

¡Piiiip…! Pitido del árbitro. ¡Fuera de juego! Exclamó un padre.

El niño sancionado no entendía porqué le habían hecho parar el juego, ahora que tenía ventaja. Los progenitores, desde las gradas, abucheaban al árbitro. ¡Arbitro, necesitas unas nuevas gafas! Exclamó uno de los padres levantando la mano de la que le colgaba un cigarrillo. ¡Ja, ja, ja…! Le reían la gracia sus compañeros de juerga.

Cada vez que tocaban el balón los niños recibían una batería de instrucciones. Padres, entrenador y hasta del árbitro que participa de la acción “pedagógica” les leían la cartilla.

Todo ello adornado con exaltaciones efusivas de padres y acompañantes cuando uno de los equipos (el menos desorientado) marcó el primer gol. ¡Hay que machacar! Exclamó su entrenador.

¡Qué guapos van con ese equipaje nuevo, parecen el Real! Comentaba una de las madres.

Intenté, delante de mis amigos, disimular mi contrariedad al observar aquel espectáculo y decidí excusarme y a la media parte del partido abandone aquello que para mi fue un tanto bochornoso.

Perdonen esta parodia pero seguro que alguna vez han presenciado algo parecido o incluso más exagerado todavía.

Me pregunto ¿Se puede calificar de educativa esta actividad? ¿Se protegen en esta actividad los derechos de los niños? ¿Se respetan sus necesidades e intereses?

En mi opinión ¡En absoluto! Este no es el deporte escolar que queremos.